¿Quién soy?
Por: Psic. Manuel Tello.
El ser humano nace dentro de un familia y una sociedad, tomando de ellos, su si mismo, la idea del mundo y los demás, sin embargo, la socialización discapacita al individuo, lo limita, la censura y lo obliga a ponerse mascaras sociales o a vivir distonico con su yo.
Es de vital importancia, tener la capacidad de rechazar, todo lo que no soy yo, todos los deberías, las introyecciones, que enferman nuestro desarrollo y potencialidades, y nos hacen creer lo falso de nosotros.
Jorge Bucay , en su libro Las Tres Preguntas, escribe un cuento que ilustra a la perfección la reflexión anterior, espero que te guste y te nutra.
Un campesino encontró una tarde, en la parte de atrás de su jardín, un huevo muy grande y moteado. Nunca había visto nada igual.
Entre sorprendido y curioso, decidió meterlo a la casa.
¿Será un huevo de ñandú?- le pregunto su mujer.
No tiene la forma- dijo el abuelo-, es demasiado abultado.
¿Y si lo comemos?- propuso el hijo.
Podría ser venenoso- reflexiono el campesino. Antes deberíamos saber que clase de bicho pone estos huevos.
Pongamos lo en el nido de la pava que esta empollando –propuso la menor de las niñas-, así cuando nazca veremos que es…
Todos estuvieron de acuerdo y así se hizo. Aunque todos los en la casa se olvidaron del pobre huevo.
A los quince o veinte días, rompió el cascaron una ave oscura, grande, nerviosa que, con mucha avidez, comió todo el alimento que encontró a su alrededor.
Cuando el alimento disponible se había terminado, el extraño pajarito miro a su madre con vivacidad y le dijo entusiasta:
- ¿no vamos a salir a cazar?
- ¿Cómo cazar? – le pregunto su madre un poco asustada.
- ¿Cómo que como? – acoto el polluelo. Volando, claro.
¡Anda, vamos a volar!
Mama pava se sorprendió muchísimo con la proposición de su flamante crió y armándose de una amorisima paciencia le explico:
- mira hijo, los pavos no vuelan. Estas cosas se te ocurren por ser glotón. Hace muy mal comer tan rápido y peor aun comer de mas.
De allí en adelante, advertida por su madre de las locas veleidades de su nueva cría, la familia avícola intento ayudar a que el pavito comiera menos y más despacio. Le acercaban el alimento mas ligero y lo animaban a comer mas serena y pausadamente,
Sin embargo, apenas el pavito terminaba su almuerzo o su cena, su desayuno o merienda, irremediablemente solía gritar:
¡ahora muchachos, vamos a volar un poco!
Todos los pavos del corral le explicaban entonces nuevamente:
- no entiendes que los pavos no vuelan. Mastica bien, come menos y abandona esas locuras, que un día te traerán problemas.
El tiempo pasó y el pavito fue creciendo, hablando cada vez menos del hambre que pasaba y cada vez menos de volar.
El polluelo creció y murió junto con los demás pavos del corral y termino como todos, asado al horno una navidad, en la mesa del campesino.
A nadie le gusto su carne, era dura y no sabia a pavo.
Y eso era lógico, por que el polluelo no era un pavo, era una águila, un águila montañesa capaz de volar tres mil metros de altura y de levantar una oveja pequeña entre sus patas…
Pero se murió sin saberlo… por que nunca se animo a desplegar sus alas… ¡ y por que nadie le dijo nunca que su esencia era la de un águila!.
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